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Corazón

Cartas marcadas...

Cartas marcadas...

Habia una vez...

Una imagen

Una imagen

Me acompañas siempre. En esos momentos buenos, y, en esos otros que no lo son tanto. Cuando me levanto estás conmigo. Cuando estoy solo, toco mi pecho, y también estás ahí. Al final de la jornada, mi piel duerme acariciándote.

A veces te ignoro.
Otras te necesito.

Ese silencio tuyo que tantas cosas me dice. Ese murmullo que a veces cambia mis acciones. Esa tranquilidad que infundes en mi alma. Esa alegría que me contagias aún cuando mis causas están perdidas.

Eres esa imagen que, aunque pasada de moda en estos tiempos difíciles en los que los valores cotizan a la baja, me reconfortas. Pero todas las cosas tienen un final, y, un día, rompiste la cadena y desapareciste de mi vida. Hoy te recuerdo y te hecho de menos.

¿Cuántos de vosotros tiene una cadenita colgada de su cuello?.

Una sonrisa...

Una sonrisa...

¿Por qué el gallo cruzó al otro lado de la carretera?
Para demostrar que no era gallina.

En un cementerio hay una lápida erigida por una viuda a su marido con la inscripción: "Descansa en paz hasta que volvamos a encontrarnos".

Marioneta de trapo

Marioneta de trapo

Si por un instante Dios se olvidara de que soy una marioneta de trapo,y me regalara un trozo de vida, posiblemente no diría todo lo que pienso, pero, en definitiva pensaría todo lo que digo.

Daría valor a las cosas, no por lo que valen, sino por lo que significan. Dormiría poco y soñaría mas, entiendo que por cada minuto que cerramos los ojos, perdemos sesenta segundos de luz.

Andaría cuando los demás se detienen, despertaría cuando los demás duermen, escucharía Mientras los demás hablan, y como disfrutaría de un buen helado de chocolate...

Si Dios me obsequiara un trozo de vida, vestiría sencillo, me tiraría de bruces al sol, dejando al descubierto, no solamente mi cuerpo, sino mi alma.

Si yo tuviera un corazón.... Escribiría mi odio sobre el hielo, y esperaría a que saliera el sol. Pintaría con un sueño de Van Gogh sobre las estrellas un poema de Benedetti, y una canción de Serrat sería la serenata que le ofrecería a la luna. Regaría con mis lagrimas las rosas, para sentir el dolor de sus espinas, y el encarnado beso de sus pétalos...

Si yo tuviera un trozo de vida...No dejaría pasar un solo día sin decirle a la gente que quiero, que la quiero. Convencería a cada mujer de que ella es mi favorita y viviría
enamorado del amor.

A los hombres les probaría cuan equivocados están al pensar que dejan de enamorarse cuando envejecen, sin saber que envejecen cuando dejan de enamorarse.

A un niño le daría alas, pero dejaría que el solo aprendiese a volar.A los viejos, a mis viejos, les enseñaría que la muerte no llega con la vejez sino con el olvido.

Tantas cosas he aprendido de ustedes los hombres....He aprendido que todo el mundo quiere vivir en la cima de la montaña,sin saber que la verdadera felicidad esta en la forma de subir la escarpada.

He aprendido que cuando un recién nacido aprieta con su pequeño puño por vez primera el dedo de su padre, lo tiene atrapado para siempre.

He aprendido que un hombre únicamente tiene derecho de mirar a otro hombre hacia abajo, cuando ha de ayudarlo a levantarse.Son tantas cosas las que he podido aprender de ustedes, pero finalmente de mucho no habrán de servir porque cuando me guarden dentro de esta maleta, infelizmente me estaré muriendo...."

Un mundo...

Un mundo...

de ilusiones, pensamientos, deseos, que me llevan a un mismo sentimiento el amor… que hace transportarme a lugares y tiempos inciertos.

Una noche extraña, insomnio, melancolía, reproches. Y al final un solo pensamiento...

eres la huella imborrable, el recuerdo constante y una sola verdad. Eres el llanto en mis ojos, en mis labios la risa...

¡ Mi mundo...eres tù!

Dicen...

Dicen...

Dicen que amarte no es fácil;
que es difícil entrar en tu mente,
que el estar un minuto en tu pensamiento
es el saber que realmente soy alguien en ti.

Dicen que guardas tu corazón,
en un grande y celoso caparazón,
para que nadie pueda hacerle daño;
pero también dicen por ahí,
que quien entra en tu corazón
jamás logra salir de allí,
y que solo guardas lo más valioso.

Dicen que conquistarte tampoco es fácil,
que muy pocos pueden llamar tu atención,
que casi nadie puede robarte una mirada,
o lograr que esboces una sonrisa;

Pero dicen también,
que cuando tu mirada fijas en aquella persona,
logras decir tanto en tan penetrante y fija mirada,
y que cuando logras escapar una sonrisa,
es la sonrisa más tierna y dulce que exista.

Dicen que amarte no es fácil,
que nadie ha podido atraparte,
pero nadie sabe lo que yo se
que muy discretamente he adentrado en ti,
y que poco a poco he atrapado tu pensamiento,
que talvez lentamente pero con cautela,
he podido robar un poco de tu corazón…
no ha sido nada fácil…

Shoshan

El callejòn del Beso

El callejòn del Beso

Durante la Colonia, una joven llamada doña Carmen, hija de un hombre rico, era cortejada por don Luis, un minero joven y pobre del que se enamoró.Se cuenta que Doña Carmen era hija única de un hombre intransigente y violento pero como suele suceder, siempre triunfa el amor por infortunado que éste sea. Doña Carmen era cortejada por su galán, Don Luis, en un templo cercano al hogar de la doncella, primero ofreciendo de su mano a la de ella el agua bendita. Al ser descubierta sobrevinieron el encierro, la amenaza de enviarla a un convento, y lo peor de todo, casarla en España con un viejo y rico noble, con lo que, además, acrecentaría el padre su mermada hacienda.

La bella y sumisa criatura y su dama de compañía, Doña Brígida, llorando e implorando juntas. Así, antes de someterse al sacrificio, resolvieron que Doña Brígida llevaría una misiva a Don Luis con la infausta nueva. Mil conjeturas se hizo el joven enamorado, pero de ellas, hubo una que le pareció la más acertada. Una ventana de la casa de Doña Carmen daba hacia un angosto callejón, tan estrecho que era posible, asomado a la ventana, tocar con la mano la pared de enfrente. Si lograban entrar a la casa frontera, podría hablar con su amada y, entre los dos, encontrar una solución a su problema.

Pregunto quién era el dueño de aquella casa y la adquirió a precio de oro. Hay que imaginar cuál fue la sorpresa de Doña Carmen cuando, asomada a su balcón, se encontró a tan corta distancia con el hombre de sus sueños.

Unos cuantos instantes habían transcurrido de aquel inenarrable coloquio amoroso, cuando más abstraídos se hallaban los dos amantes, del fondo de la pieza se escucharon frases violentas. Era el padre de Doña Carmen increpando a Brígida, quien se jugaba la misma vida por impedir que su amo entrara a la alcoba de su señora. El padre arrojó a la protectora de Doña Carmen, como era natural, y con una daga en la mano, de un solo golpe la clavo en el pecho de su hija.

Don Luis enmudeció de espanto. La mano de Doña Carmen seguía entre las suyas, pero cada vez más fría. Ante lo inevitable, Don Luis dejó un tierno beso sobre aquella mano tersa y pálida, ya sin vida. Por esto a este lugar, sin duda unos de los más típicos de nuestra ciudad, se le llama el Callejón del Beso.

Esta leyenda se corona con un consejo: la pareja que visite este sitio y se de un beso en el tercer escalón de este afluente angosto logrará su felicidad durante siete años

Guanajuato

Hola hoy quiero compartir algo, de lo que fuí a conocer en unos días pasados, espero que estas leyendas te gusten y talvés que un buen día, tú, él o todos ustedes, quieran conocer este bello lugar...

Es un estado que sus calles en gran parte son subterráneos, y son recorridos en auto, caminantes muy pocos.

Es un gran atractivo, por lo mismo es rico en turismo, no hay playas ni mar. Sus calles son extrechas, y existen muchiisimos callejones todos ellos con una historia que contar...pero el más famoso es el callejón del beso, ya te contaré la historia que es muy sonada, todos los turistas la quieren conocer. Hoy te dejo una leyenda...buuuu que todas son de miedo!

Los monjes de la calle subterrànea

Los monjes de la calle subterrànea

Entre oraciones musitadas en la oscuridad, dos espectros de monjes recorren parte de la calle subterránea y la parte trasera del conocido Teatro Juárez. Su pena tiene origen desde la mitad del Siglo 19, cuando se ordenó la demolición del Convento de San Pedro Alcántara.

Fue en esos años cuando Encarnación Serrano, ex jefe político de la Administración Pública, compró el convento y planeó la edificación del que después se conoció como el Hotel Emporio.

La población, indignada, maldijo y condenó al dueño al saber esto, en tanto algunos de los monjes dieguinos que habitaban el lugar morían de enfermedades inexplicables.

La tragedia siguió cuando al tratar de demoler una de las torres del convento, murieron en un accidente seis albañiles. A esto se sumó que ya construido el hotel, los huéspedes se enfermaban de manera extraña.

Finalmente el hotel quebró y el entonces Gobernador Florencio Antillón ordenó la construcción del Teatro Juárez, sin embargo, desde entonces dos de los monjes que murieron antes de ser derruido el convento se aparecen en la calle subterránea.

Quienes los han visto aseguran que los espectros piden por su convento, atraviesan las paredes del Teatro Juárez, bajan hacia la calle subterránea y avanzan por esa vía hasta perderse a la altura del hotel San Diego.

Quiero

Quiero

Quiero..
Quiero perderme en el asfalto, adentrame en las calles y terminar caminando a tu lado. Quiero, en silencio, recorrer tu cara , traspasar tu mirada.
Quiero dibujar en el cielo un corazón.
Quiero...

Entre las hojas...

Entre las hojas...

de los escritos de mi diario, de entre los pensamientos mas profundos de mi ser...siempre sales tú, de mi imaginación acertada, mis sueños mas alegres y mi vida completa formas parte.

Cada instante de mi vida invadiendo mi silencio con pensamientos vagos, alucinantes y mentirosos... hoy estas aquí.

Desbordando los matices de la vida, las etapas de cada sueño, el silencio de mi corazón siempre espero tu llegada...

No quiero dejar escapar ni un solo instante de mi vida, acostumbro a mi pensamiento a pensar en tí...entre veladas enteras de luces apagadas, noches frías y solas, miradas perdidas en la oscuridad. Entre nuestros mundos paralelos, vidas distintas hoy...
hoy tenía el enorme deseo de escribir en mi diario y que nuevamente el supiera de TI.

Que importa...

Que importa...

que seas lo que has sido, ser una más en la lista de tus recuerdos, talves no ser nada, por que cuando estoy contigo lo eres todo. Acabo odiandote, pero al siguiente minuto te vuelvo amar, algunas veces suplico tus besos que terminan llevándome al cielo. Que importa que el día termine si al llegar ese tiempo estaré a tu lado y llorar cuando te vas al tiempo que secaré mis lagrimas en tu hombro, no me importa que me mientas por que mi amor es verdadero y que importa que todo sea una mentira, por que al final sigo soñando que algún día todo esto sea solamente mi verdad..

María

María

Me extiendo por tu cuerpo poco a poco. Soy cálida y conmigo conoces la felicidad. Hago que el tiempo transcurra a cámara lenta. Percibes en los demás gestos que antes ignorabas. Te hago pasar de la euforia al llanto. Consigo que te encuentres a ti mismo. Cambio tu metabolismo y me hago indispensable en tu vida. Conmigo no hay dolor, pero tampoco
esperanza.

¿Ya sabes quién soy?

Extrañamente fría

Extrañamente fría

Quiero rodearte con mis brazos y apretarte contra mi cuerpo, te había dicho ayer. Y acariciar tu cabello, juguetear con tus labios. Recreo la imagen de tu rostro en mi mente. Siento una necesidad de ti.

Hoy la noche es extrañamente fría. Es extrañamente oscura. Inmerso en mis pensamientos, oigo el ruido de un coche aparcando en la calle. El click del mando a distancia que cierra sus puertas. El sonido de unos tacones que entran precipitadamente.

Una explosión de energía asalta mi interior. Una sonrisa se dibuja en mis labios. Las pulsaciones se aceleran. Me vuelvo hacia la puerta.

Y se abre. El aire fresco inunda la estancia. En la puerta aparece una silueta. Luego un rostro blanco como el mármol, por el viento frío, cortante, de fuera. Una camiseta con un dibujo que imita un tatuaje. Una falda ajustada y corta. Una cazadora de cuero negro. Los zapatos de tacón fino también negros. No logro entender lo que estoy viendo.

- Buenas noches.
- Hola, buenas noches.

Alargo mi mano y le doy la llave. No eras tú, pero sigo esperándote.

Desnuda

Desnuda

Para los que no lo sepáis, Javier es esa persona que malgasta su tiempo haciéndome compañía en mis aburridas noches. Y ayer, puntual, estuvo contándome cómo acabó la velada de hace unos días y enseñándome las pruebas del delito: las fotos.

Él es habitual de un pub cercano cuando su tiempo, su trabajo y su bolsillo se lo permiten. En una de sus visitas de rigor, por la noche, estaba tomando su habitual cerveza fría sin vaso. La gente iba llegando como terapia a los malos momentos del día. Corría el vino y los licores. Unos conversaban. Otros jugaban a las cartas.

No puedo olvidarme de decir que el bar tiene una camarera de esas que quita el hipo a unos y levanta la moral a otros.

Bien, las bebidas caldearon el ambiente y a uno de los presentes, -Javier me juro que no fue él-, se le ocurrió apostar con la camarera cuanta ropa era capaz de quitarse encima de la barra del bar. Ella, que además de guapa, es muy echada para adelante le echó leña al fuego. Y el ambiente se calentó más y subió de tono, gracias a que otros estaban interesados también por la apuesta.

Las copas se vaciaban cada vez con más rapidez, porque ya sabéis que son recurso para encontrar el valor perdido. Y así iba pasando la noche. Al final la camarera aceptó el reto si la acompañaba en el streptease el que se lo propuso. Cerraron el bar. Se subieron a la barra medio en broma y empezaron a bailar y a sacarse prendas ante los vítores de los presentes.

Y la noche fue sonada.

El valor de las tradiciones

El valor de las tradiciones

Palmas, olivos y laureles de diversas formas y tamaños inundan el recinto. Alguno adornado con caramelos. Bancos repletos de fieles, casi todos cincuentones, a uno y otro lado de un pasillo central.
- ¡Espera!, pero si todas son señoras, que raro-.
Y lo digo en voz lo suficientemente audible para la mujer que pacientemente escucha al sacerdote. Oigo la respuesta sin pregunta.
- Nuestros hombres están arriba- y lo dice señalando con el dedo a lo que parece una primera altura.

Es la estampa del culto a una imagen. El respeto a la tradición y a unas normas. Sin embargo, ¿dónde están los jóvenes?

Mirada de inocencia

Mirada de inocencia

Hoy pase por el banco del parque, donde cuando pequeña descansaba junto a la mochila de útiles escolares, esperando que mi hermano terminara de jugar la fastidiosa “cascarita” y si por mala suerte quedaban empate, venia la revancha...

Bueno mientras tanto yo miraba el cielo y pensaba algún día poderlo tocar, también imaginaba los famosos castillos sobre las nubes y me emocionaba pensando en su habitante aquel príncipe azul, al tiempo que pensaba que pediría a los reyes magos para este año.

Hoy por curiosidad tome asiento en ese mismo banco, y recordé con amor todos esos detalles, y pensé en lo duro y traicionero que resulta darte cuenta que: los reyes magos jamás existieron, que los niños no los trae la cigüeña, que los castillos no pueden estar sobre las nubes... que el cielo es inalcanzable. Es ahí cuando llega el fin de la inocencia, es ahí cuando entiendes que pronto te harás viejo, es ahí cuando te das cuenta que la vida pasa y no es posible solo verla pasar. Sabes que habrá cosas que sucederán y romperán una y otra ves tu corazón, sabrás que ahora ya no es posible de ser doctora a policía, como aquellos tiempos en que decías yo cuando sea grande quiero ser...

En este banco soñaba cuando tenía mi inocencia. Hoy estoy aquí por casualidad, cuando volví a mi realidad justo en ese momento llegaban dos pequeñas con una paleta y su mochila de útiles escolares, con una sonrisa apenas pintada en mis labios, tome mi bolso y seguí mi camino,
deje paso a la inocencia...

Risa tonta

Risa tonta


Miércoles tarde. Nada en el frutero. Nada en la despensa. Nada en la nevera. Fuera hace frío. Caen unas suaves gotas de lluvia. Heladas. Uno de esos días monótonos y aburridos en los que únicamente apetece una buena taza de café, la calefacción a veinte grados, sentarse en el sillón y disfrutar de una película, aunque sea mala. Pero no hay café. Hay que acercarse a comprarlo. Antes era a la tienda de Maruja. Luego fue el supermercado. Hoy es a la gran superficie de turno, donde al entrar se te abren las puertas y lo tienes todo al alcance del saldo de tu tarjeta bancaria.

Espacios amplios. Iluminación estudiada. Disposición de artículos en función de lo que les conviene que adquieras. Música ambiental. Pantallas de televisión con los últimos videos musicales. El último videojuego para que los más pequeños adquieran hábitos. Una amable y bella señorita ofreciéndote la prueba gratuita de un producto novedoso. Ella se llama Marta y lleva una falda azul, corta; una camiseta ajustada blanca con finas rayas rojas. Una sonrisa de película, el pelo recogido. Del producto no me acuerdo. Está en la despensa.

Allí encuentro a Carmen, la amiga de la otra amiga de mi primo Alfonso. Se interesa por mi vida, por la de mi gato, por la de mi compañera de trabajo, por la de la vecina del quinto. Y habla, y critica, y se queja, y propone soluciones, y sigue hablando. Con la mejor sonrisa de la que soy capaz le digo que tengo prisa. Que se cuide. Y que nos cuide a todos. El próximo día que la encuentre le propondré que se presente para concejala de asuntos ajenos. Que tiene madera.

Y llego a casa. El ascensor está averiado. Subo los cuatro pisos. Abro la puerta. El café lo tomaré mañana.

Todo acabaría aquí. Se quedaría olvidado en algún rincón de mi cabeza hasta que por desuso fuese reemplazado por alguna otra vivencia. Pero no es así. Y la culpa es de Carmen. De Carmen y de los recuerdos del parking de mi cerebro.

Me encontró un día. Digo encontró porque si la hubiese visto antes, hubiese cambiado de ruta haciéndome el despistado. Eso no lo hagas tú. No está bien. Te estaba diciendo que después del encuentro, mi acompañante. Porque sí: iba acompañado por un niño de diez años. Me preguntó:

-¿Esa señora cómo se llama?
- Carmen- dije.
- ¿Y tiene un diente de oro o de latón?; es que es amarillo.-
- Sí, de oro
-¿Y cómo hace para afilarlo?- añadió

El estómago se me contrajo. Los músculos de la cara querían dar rienda suelta a su necesidad de reír. Los ojos se me llenaron de lágrimas ante la imposibilidad de hacerlo, bajo la amenaza de que los transeúntes me tomaran por esquizofrénico. Es la risa tonta de la que seguro has oído hablar.

No. En la próxima ocasión tampoco debo olvidarme de preguntárle cómo lo afila.

La distancia

La distancia

No es cuando nos separamos, la distancia es si no volvemos, y nunca será más grande que el amor que siento por tí...

Puzzle

Puzzle

Esta la coloco aquí. Y esta aquí. Casi está. No, espera: hay que sacar esa y poner esta otra en su lugar. Sí, así está bien.

Vas colocando piezas hasta formar un todo con entidad propia. Te equivocas. Sacas una pieza. Pruebas con otra. El resultado no es el que buscas. Desmontas una parte. La vuelves a colocar. Refunfuñas.

Y eso es precisamente la vida. Un continuo movimiento de piezas. Ahora muevo la sal de la vida, el amor, para este lado. Los lamentos que me anclan al pasado, esos, los dejo a en esta zona, junto al enfado. Tengo en mis dedos el arrepentimiento, que es sincero y lo quiero aquí cerca de la sinceridad. La envidia, aunque pequeña, también existe. Es esta pieza. La dejo entre el orgullo y el egocentrismo. El odio, la bondad,... tantas y tantas piezas; pequeñas, grandes, cuadradas, octogonales, con aristas, sin ellas, las muevo una y otra vez buscando un equilibrio que a veces sí encuentro. Y avanzo.