Mientras dormías
Abro la puerta de la habitación y allí estás tú en los brazos de Morfeo. Me acerco despacio para no despertarte y me siento a un lado de la cama. Hace calor. Una sonrisa se esboza en mis labios.Mis ojos recorren lentamente tu cuerpo envuelto en una sábana. Sí, mis ojos resplandecen mirándote. Percibo formas, texturas, colores, olores. Me detengo en tu rostro.
- ¡Qué labios tan bonitos!, Corazón. Te queda muy bien ese tono- , susurro para mi interior.
- El color rojo te favorece. Es muy sexy, creo yo. Y me encanta ver como se acercan tus labios muy despacio a los míos- sigo pensando.
Por unos instantes no dejo de mirarte. Te mueves. Interrumpes tu sueño. Me preguntas en qué pienso. Sólo acierto a decir:
- Estaba recordando la primera vez que garabateé tu nombre y el mio en la arena.
Vestido de azul me dirijo, con paso decidido, a ver un espectáculo. Espectáculo gratuito que me incita a la reflexión. Vestido de azul.
Caminaba hacia el hotel y caía una lluvia lenta y triste que me ha ido empapando poco a poco, resbalando sobre mi frente, mojando mi cabello, recorriendo las arrugas de mi rostro. Fría. Estaba fría. Parecía que de un momento a otro iba a atravesar mi piel y llegaría al corazón, paralizándolo.
Cuando era pequeño me gustaba ponerme mi disfraz de diablillo.